Luis se aflojó la corbata y la tiró al sofá, mirándola:
—Los socios quieren que mi esposa me acompañe, ¿Catalina es mi esposa? Además, Catalina ya tiene dos hijos… No quiero tener una aventura con ella.
Dulcinea no pudo convencerlo.
Su cuerpo se relajó y su voz se suavizó:
—¿Cuántos días nos vamos?
Luis desabrochó tres botones de su camisa, y al ver su sumisión, se sintió conmovido y su deseo aumentó.
No se contuvo, se acercó a la cama,
levantó su barbilla y la besó, deslizando una mano por deba