Luis se sintió repentinamente malhumorado.
Se dirigió a la mesa y dijo con indiferencia:
—Vamos a cenar.
Era Nochebuena y la casa estaba llena de deliciosas comidas. Las criadas iban y venían, y Clara subió a buscar una bata para Dulcinea, ayudándola a sentarse junto a Luis. Le susurró discretamente:
—Intente complacer un poco al señor, él trajo especialmente a Leonardo para pasar la Navidad. No arruine su buen humor.
Dulcinea parecía confundida, perdida en su propio mundo.
Mientras afuera el vi