Al entrar, recordó de golpe que estaban divorciados.
En realidad, no deberían compartir la misma cama.
Pero era tarde, y no tenía ganas de preparar una habitación fría para pasar la noche. Así que simplemente se acercó y se acostó en la cama. Al levantar la cobija, vio a dos figuras abrazadas durmiendo juntas:
Leonardo en los brazos de Dulcinea.
La suave cara del pequeño contra su madre creaba una imagen muy tierna.
Luis volvió a sentir despertarse sus deseos.
Luis, con una renovada urgencia, la