Después de eso, Mario fue frío con ella, aparentemente muy ocupado.
Ana continuó siendo su secretaria personal, y cada mañana y tarde iba a su mansión a ocuparse de las labores domésticas. De vez en cuando cuidaba a Emma y le ayudaba con sus deberes.
Emma seguía llamándola Lisa, pero también la invitaba a tomar el té, preparándole un buen té negro, el favorito de su madre, para que lo probara.
Ana lo encontró delicioso y pensó que la señora Lewis tenía buen gusto.
Nunca se atrevió a preguntar so