¡No quería ni necesitaba a nadie más!
…
Mario permaneció sentado durante mucho tiempo, hasta que finalmente regresó a casa al atardecer.
El Rolls-Royce negro se deslizó lentamente por la puerta negra tallada, y cuando el auto se detuvo, el cielo ya estaba oscureciendo, con solo un tenue resplandor en el horizonte.
Mario apagó el motor, abrió la puerta del auto y salió.
Emma salió corriendo de la casa y abrazó suavemente su pierna, llamándolo «papá».
En ese instante, el corazón de Mario tembló.
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