De pronto, Carmen se volteó hacia él, con los ojos inundados de lágrimas y temblorando, articuló con los labios tensos:
—¡Mario, estás perdiendo la razón! Has permanecido aquí todo el año, sin pensar en ti ni en tus padres. Pero los niños, debes cuidar de ellos. Emma sufre de pesadillas todas las noches, ¡Enrique ni siquiera ha hablado en todo el año! Mario, no solo necesitan a su mamá, también necesitan a su papá. Has estado ausente todo el año, y eso les arrebata la sensación de seguridad.
—Ma