Capítulo 48
Mario así lo pensó y así lo hizo.

Entró en la estrecha cocina y le rodeó el cuerpo con los brazos por detrás. Apoyó la barbilla en los delgados hombros de Ana, inclinó ligeramente la cabeza hacia un lado y besó con ternura la parte detrás de su oreja.

Esa intimidad repentina hizo que se estremeciera.

Ella bajó los ojos y miró los platos en sus manos,

—¿Qué estás haciendo? ¿No has venido a comer?

Mario apretó los brazos y murmuró suavemente a sus oídos:

—Ana, vuelve conmigo.

El cuerpo de Ana se
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