No lo interrumpió.
Después de un rato, Eulogio preguntó:
—¿Es de Ana?
Mario asintió:
—Sí, lo es. Lo escribió cuando era muy joven. Una vez hice algo mal, dije algo que no debía, y ella se enojó tanto que prendió fuego al diario. Así quedó.
Después de decir esto, quedó en silencio por un buen rato. Se preguntaba si por el resto de su vida, si su salud no mejoraba, tendría que depender de estos recuerdos. ¿Seguiría Ana adelante y encontraría un nuevo amor?
Eulogio notó su preocupación. Lo consoló