Isabel se sintió desilusionada:
—¿Tan rápido te vas? Podrías quedarte un rato y descansar, no hace falta que te vayas hasta que salga el sol.
—No es apropiado —respondió Ana con firmeza, mientras se calzaba los zapatos—. He venido por los niños, no para rememorar el pasado con Mario. No es adecuado quedarme ni un segundo más.
Parecía tener el corazón de piedra, pero ¿acaso no estaba rota por dentro? Eulogio, siempre sensato, reflexionó un momento antes de hablar:
—Ana, es tarde para que vuelvas