Al atardecer, un Rolls-Royce plateado serpenteó hasta la villa y se detuvo frente a la mansión principal. Mario ya aguardaba. Postrado en su silla de ruedas, ataviado con una camisa blanca y un sobrio abrigo de lana gris, se desdibujaba en la penumbra, irradiando distinción…
La puerta del vehículo se entreabrió y fue Emma la primera en descender. En cuanto salió del automóvil, se abalanzó hacia los brazos de su padre. Su afecto parecía no conocer límites, tan efusivo como el de un cachorro…
Mari