En ese instante, Ana sintió la mirada de Mario y volteó hacia ellos, enderezándose ligeramente, aunque sus ojos no reflejaban emoción alguna. El hombre también dirigió su atención hacia ellos. Mario entrecerró los ojos y le susurró a Gloria:
—¡Acércame hacia allá!
Gloria se detuvo a un paso de distancia y, con una cálida sonrisa, exclamó:
—¡Ana, hacía tiempo que no nos veíamos!
Ana clavó su mirada en Mario y esbozó una leve sonrisa.
—En efecto, ha pasado mucho tiempo.
El hombre, llamado Facundo