Sabía que Ana estaba molesta, pero no quería que ella lo viera en un estado tan lamentable. Por un lado, apreciaba su preocupación y la ternura que le brindaba, pero, por otro lado, se despreciaba a sí mismo.
Ana estaba en el segundo piso, en el balcón, observando en silencio a Mario. Desde que se reencontraron, él había estado peculiarmente sarcástico con ella. Antes, sus palabras ácidas solían llevar un tono de coqueteo, pero hoy no era el caso. Ana lo observaba mientras él estaba sentado en e