Tras pronunciar esas palabras, ambos quedaron petrificados.
Especialmente Mario.
¿Cómo pudo olvidar que Ana ahora estaba con Víctor, y él era solo su exesposo? Este tipo de intimidad era una traición; ¿cómo podía esperar poseerla?
Mario, ¡qué ridículo eres!
El ambiente se tornó un tanto gélido. Ana deseaba apartarse, pero Mario la mantenía firme. Susurró con voz apenas audible:
—Permíteme abrazarte un poco más.
Ana no objetó. En ese espacio tranquilo, sin la interrupción de terceros, se dejó lle