Mario se quedó en silencio.
En ese momento, Ana no estaba en disposición de esperar una respuesta. Simplemente se quedaron ahí, bajo la luz suave, aguardando la llegada de Carmen…
Era de noche. El sonido de un automóvil quebró el silencio del patio. Carmen subió rápidamente al dormitorio principal en el segundo piso. Al verla, Ana soltó un suspiro de alivio y murmuró con voz baja:
—Tía.
—Vamos a ver a la niña —propuso Carmen con calma.
Carmen, serena, tomó en brazos a Emma y la acunó suavemente,