A sus 22 años, Mario, con una expresión fría y las manos en los bolsillos, asintió con la cabeza.
Al observar el objeto, frunció el ceño sin querer:
—¿Esto es un pañal desechable, verdad?
La empleada no cesaba de elogiar el producto:
—¡No mancha las sábanas y puedes moverte todo lo que quieras durante la noche sin problemas! Después de probarlos, no querrás dejar de usarlos.
Mario pensó en aquella joven enorme que había visto fuera y consideró que serían perfectos para ella.
Sin embargo, mantu