¿Estaría Mario en casa? Al abrir la puerta del coche, Ana clavó su mirada en los vehículos. La criada, al verla, corrió a recibirla efusivamente:
—¡Señora Lewis, bienvenida de nuevo!
Ana esbozó una sonrisa ligera:
—De ahora en adelante, puedes llamarme señora Fernández.
Luego preguntó:
—¿Mario está en casa?
La criada balbuceó, sin ofrecer una respuesta clara.
Ana no lo pensó más y se dirigió directamente al vestíbulo de la villa. Justo cuando iba a subir las escaleras, se topó inesperadamente co