Eran las dos de la tarde cuando Ana y Emma se dirigían al Grupo Lewis. Emma había insistido en llevar a su perro consigo. Al llegar, Emma y su perro corrieron hacia el vestíbulo; el perro parecía comprender la situación y se movía con soltura. De repente, unos tacones altos resonaron en el suelo deteniéndose frente a ella, y una voz fría cortó el aire:
—Esto es una empresa, no un parque. ¿Cómo se permite la entrada de niños y perros? ¿Dónde está el personal de seguridad para llevarse a este anim