Mario guardó silencio.
Se tensó, abrazándola más fuerte contra él y besó delicadamente su cuello mientras murmuraba con voz ronca:
—Lo sé, solo quería abrazarte.
Ana sonrió débilmente, indiferente.
Ella conocía su distancia emocional, pero él seguía allí, pegado a ella, susurrando:
—Ana, al menos este año, intentemos ser realmente esposos.
Anteriormente, Mario nunca había considerado que él también podría ceder.
Sus ojos brillaban con intensidad mientras la observaba.
Ana simplemente sonreía, re