Capítulo 362
La atmósfera se volvió de repente delicada. Ana bajó la mirada hacia él, y en los ojos de Mario, no lograba discernir aquel deseo que se supone masculino; su rostro, incluso, se mostraba serio, sobrio. Tras un instante, Ana murmuró en un susurro:

—¡Sólo quedan dos días!

Realmente necesitaban un hijo. Ana no pretendía ser exigente, y tras pensarlo un poco, añadió suavemente:

—Ve a ducharte primero, luego…

No había terminado de hablar cuando Mario la tomó en brazos y caminó hacia el salón exterior
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