Mario los contempló en silencio, evocando su primer encuentro con Ana. Aunque no fue precisamente idílico, resultó inolvidable y satisfactorio, motivos suficientes para decidirse a casarse.
Ana, quien también miraba a la pareja, tenía los ojos brillantes por los recuerdos. Mario la rodeó con el brazo, un gesto protector y cálido. Durante el check-out, notaron la mirada penetrante de la recepcionista.
«¡Señor Lewis, eso fue rápido!», comentó ella en su interior, una observación que revelaba más d