Leonora había bebido y ya estaba medio ebria.
Mario la llevó al estacionamiento, abrió la puerta del copiloto con una mano y le pidió que subiera.
Leonora no quería...
Estaba borracha, pero no inconsciente.
Se apoyó en la puerta del coche, mirando hacia arriba con los labios rojos ligeramente entreabiertos y una voz sensual: —Mario, ¡no quiero ir a casa contigo! ¡Vamos a divorciarnos!
Mario la miraba desde arriba, sus ojos oscuros fijos en ella, observando su encanto embriagador.
Nunca había vis