La voz de Mario, suave en la penumbra de la noche, le preguntó: —¿Sabes lo que es un amante? ¿Eh?
Ana no lo sabía y tampoco quería saberlo. Intentó liberarse del agarre de Mario, pero él la sujetaba firmemente, con sus caderas pegadas una a la otra. Las dos capas delgadas de tela sobre sus cuerpos apenas servían de barrera.
Con enojo, ella dijo: —¡Ya te dije, no soy tu amante!
Mario bajó la mirada hacia ella, observando su cabello largo y liso cayendo sobre los hombros, su rostro pequeño y delic