Ana observó a la señora Martín alejarse.
En ese momento, un camarero pasó cerca y el señor López aprovechó para tomar dos copas de champán, ofreciendo una a Ana. No podía evitar mirarla, cautivado por su belleza.
Ana lucía un elegante vestido negro esa noche: un suéter fino y ajustado de cuello alto, una falda larga de terciopelo que marcaba su cintura y llegaba hasta los tobillos, y su cabello recogido con elegancia... irradiaba un encanto femenino innegable.
El señor López no pudo contenerse