Ana estaba gravemente herida, no solo en el brazo, sino con múltiples lesiones menores por todo el cuerpo. Necesitaba cuidados, pero se negaba a tener cualquier interacción con Mario. No hablaba con él, rechazaba la comida que él le ofrecía y no permitía que la ayudara a bañarse... Era como si hubiera expulsado a Mario completamente de su mundo.
En el suelo yacían los restos de la comida derramada.
Mario observó en silencio durante un rato, luego dirigió su mirada hacia Ana en la cama: —¿Qué es