Incluso en la habitación VIP más lujosa del hospital, el sonido suave y persistente de la lluvia era audible.
Mario abrió el álbum de fotos en su teléfono, deteniéndose en una imagen de Ana recostada en la almohada.
Las palabras de la señora Lewis resonaban en su mente: «Mario, recuerda bien, ¿volvías a casa todas las noches durante el primer mes de casados? ¿Te atreves a decir que no te gustaba el cuerpo de Ana?»
Mario no podía negarlo. Esa foto era la mejor prueba de su codicia por el cuerpo