La puerta de la habitación del hospital se abrió tras dos golpes suaves.
La persona que entró no era otra que la madre de Mario, la señora Lewis.
A pesar de ser ya tarde en la noche, estaba vestida con ropa y joyas elegantes, irradiando una presencia distinguida.
Mario la observaba en silencio, todavía sosteniendo en sus dedos la reveladora fotografía.
La señora Lewis se detuvo en la puerta, su mirada también se fijó en la foto que Mario sostenía. Era evidente que ella sabía exactamente lo que