Capítulo 119
Mario miró a Ana, cuya belleza resaltaba aún más bajo la tenue luz del crepúsculo.

Se inclinó hacia el oído de ella y dijo algo atrevido y sugerente.

En un matrimonio normal, esto podría haber sido tomado como un juego coqueto entre cónyuges, pero para Ana sonaba repulsivo.

Detrás de Mario, una sirvienta miraba curiosamente.

Ella, en voz baja, le recordó: —Ya es hora de la cena.

Mario, sujetando la muñeca de Ana, la llevó con él mientras hablaban.

Le contó que para la cena tendrían cangrejo
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