Regresamos a casa debajo de un cielo nublado y un viento frío que augura lluvia.
—¿Estás bien? —Gael me pasa una taza con café. Asiento con la cabeza.
—¿Tú lo estás? —le devuelvo la pregunta. Gael se sienta a mi lado y me acaricia el cabello.
—Junto a ti siempre lo estoy, pero... —Bebe de su taza y mira al techo—. Lamento mucho lo que pasó hoy.
—No fue tu culpa, Gael.
—Debí controlarme. —Suspira—. He empeorado nuestro problema con el alfa. Lo siento tanto, pequeña; te prometo que buscaré la man