Mi movimiento la pone alerta, así que se detiene, de lo que sea que le hará al cachorro, para encontrar al intruso.
—¿Quién está ahí? —interpela ella mientras mira por todos lados.
Por mi parte, sigo moviéndome.
Ella camina en mi dirección y su mirada de loca se pasea por todo el lugar donde me muevo. Sigo saltando de un lado a otro con cuidado de que no me reconozca. Comienzo a alejarme y ella me sigue.
¡Perfecto!
Voy saltando cuando un corrientazo en la espalda me hace caer al suelo.
—¡Mira a