Cassian no logró sacarse esa imagen de la cabeza.
Habían pasado horas desde el nacimiento y, aun así, cada vez que cerraba los ojos, volvía a verla. Tan pequeña. Demasiado pequeña. Envuelta en telas que parecían enormes para su cuerpo frágil. El rostro delicado, los pómulos suaves, la nariz diminuta. Y ese cabello… apenas un rastro, fino, dorado, casi imperceptible bajo la luz.
Un cachorro recién nacido siempre se parecía a alguien. No tenía que tener la cara exacta, pero debía haber algo disti