—Las lobas preñadas no pueden hacer ese tipo de cosas. —Era obvio que Cassian esquivó ese débil intento de golpe.
Leah frunció el ceño y resopló fuerte.
Cassian iba a soltar otro comentario ácido, sin embargo, el toque firme del alfa en su hombro lo hizo callar.
—Te advertí que no seas bocón. —Noah apretó su agarre.
—Sí, alfa. —Todo el tinte bromista se esfumó, como si supiera que ahora el alfa podría partirle el labio de un puñetazo por bromear con su hembra.
Su vista cayó al suelo, l