Al encontrarse con Cassian y, en general, con todos, percibieron su olor en el camino y sabían lo que había pasado.
El olor a coito, según Cassian, era algo inconfundible. Respiró hondo por la nariz y se sentó en la piedra.
—Huele a fertilidad —canturreó y estiró los brazos.
—¿No hay nada extraño? —Noah estaba dispuesto a ignorar sus comentarios en doble sentido.
—No. Lo único es lo feliz que luce mi alfa esta tarde —le dijo, y una sonrisa burlona surcó sus labios—. Se ve hasta más delgado…
Noa