Antes de que Leah fuera encontrada atada y con esa bolsa de cuero sobre la cabeza, una sombra irrumpió en la habitación. Con pasos sigilosos, sujetó a Freya. Antes de que pudiera gritar, le cubrió la nariz con un paño. En segundos, la loba embarazada cayó en un sueño profundo.
Leah no reconoció el olor. Al ver el cuerpo de Freya tendido en el suelo, sintió pánico. Pensó que algún lobo perverso aprovechaba la situación para cometer atrocidades.
Entonces, el extraño se acercó y colocó ambas ma