033 A ella no...
Leah apartó la mirada. El cachorro comenzó a jugar y brincar de un lado a otro, lo que ella agradeció en su interior: la excusa perfecta para darle la espalda al alfa y…
Avanzó detrás del cachorro sin conseguir atraparlo. El jugueteo logró calmarle los nervios.
—Ven… hablo en serio. Comienza a hacer frío. Te vas a enfermar —le dijo con fingida voz “dura”.
—N-noo, noo —canturreaba el pequeño, y a su alrededor otros lobos pequeños lo observaban entre risas.
—Ese cosita tan tierna es un remolino.