En automático, Leah pasó a su forma humanoide.
La sangre roja vibrante emanaba de su hombro.
Las garras de Sven se convirtieron en manos, y sus pasos se tornaron lentos.
Agarró a la chica del cabello y la arrastró dentro del escudo. Una sonrisa sardónica se dibujó en sus labios al entrar al área protegida.
Las lobas miraron horrorizadas al intruso, y por instinto las madres atrajeron a sus cachorros hacia su pecho.
Las lobas jóvenes y fuertes de la manada se pusieron en guardia; entre