Al cruzar la entrada principal, se topó con el rostro angustiado de su madre. Ella estaba sentada en el sillón, abrazánda a sí misma. Su padre permanecía de pie frente a ella, con el ceño fruncido y la mandíbula tensa.
—¿Dónde crees que estabas? —lo confrontó al instante. Su mirada lo escrutó de pies a cabeza.
Ezra bajó la vista. No deseaba pelear.
—Hijo, responde a tu padre —suplicó la mujer con voz quebrada. Sus ojos aparecían hinchados por el llanto. Se levantó para comprobar que estuvi