C2-ZORRA QUITAMARIDOS
El despacho de Mateo Blackwell era un reflejo de su personalidad: elegante, sobrio y frío. Grandes ventanales dejaban entrar la luz de la tarde, pero él no trabajaba; simplemente miraba hacia el exterior, perdido en sus pensamientos.
Unos golpes suaves interrumpieron su ensimismamiento.
La puerta se abrió para dar paso a Harold Finch, un hombre de sesenta años, espalda recta y mirada perspicaz. Como mayordomo y administrador de la propiedad, Harold llevaba cuatro décadas s