C1-LA MÁSCARA DE LA DUQUESA
La habitación era tan grande que el silencio parecía rebotar en las paredes. Bianca abrió los ojos y, por inercia, estiró la mano hacia el lado izquierdo de la cama. Sus dedos solo encontraron sábanas frías y miró hacia la mesita: el reloj marcaba las dos de la mañana.
Era otra noche más en la que Mateo no llegaba; otra noche en la que la oscuridad de la mansión se le caía encima.
Se levantó despacio, ajustándose la bata de seda, y al pasar frente al espejo del pasil