C3-BUSCAR SU PROPIO CONSUELO
La pelinegra retrocedió, tropezando, mientras se llevaba una mano a la mejilla. Los niños empezaron a llorar, asustados por el estallido de violencia, pero Bianca no sentía lástima. Solo sentía un fuego negro quemándole las entrañas.
—Escucha… puedo explicártelo —balbuceó la mujer, con la voz quebrada.
—¿Explicarme? —Bianca dio un paso hacia delante, ignorando las miradas de los curiosos—. ¿Vas a explicarme que mis ocho años de soledad son porque tú estabas ocupada