C115- BIENVENIDA, SEÑORITA BLACKWELL
MESES DESPUÉS….
La sala de partos del hospital privado alumbraba con luz tenue. Bianca estaba en la cama, con el rostro perlado de sudor, apretando la mano de Mateo con una fuerza que él no sabía que podía existir.
—¡Respira, respira! —le dijo él, con los ojos desorbitados.
—¡Eso hago, Mateo! ¡Pero duele! ¡No tienes idea! —Bianca gritó entre contracción y contracción.
La doctora sonrió, impasible.
—Ya casi, señora Blackwell. Una más.
Thomas estaba en una esq