116. Colérico
Diana bebe el café y Maximiliano se siente derrotado, baja los hombros y suspira. Esta conversación no iría a ningún lado.
Diana sonríe.
—Qué patética fui —es lo que sisea—. Creí que el hombre que amaba también me amaba a mí. Sin embargo, se enamoró de otra en el camino. ¿No es eso algo por la cual estar furibunda?
—Lo es —confirma Maximiliano—. Te doy toda la razón, Diana. Tienes la total razón en sentir rabia por mí. Y comprenderé si terminas odiándome, no hace falta que digas el porqué.