Yulia no tenía idea de dónde estaba su papá.
Nicolás se agachó y acarició su cabeza con ternura.
—Cuando crezcas, te llevaré a ver a tu papá.
—¿Cuándo voy a crecer? —preguntó Yulia algo inquieta, ladeando la cabeza, confundida.
—Muy pronto —respondió Nicolás, levantándola en brazos—. Yulia, el patito que cuidabas ya regresó.
A Nicolás no le importaba si el pato era el mismo o no. Al final, los niños no notaban esas pequeños detalles.
Una vez en casa, Yulia dejó su mochila, se lavó las manos y sa