Por culpa de la llamada de Armando, Marina por fin lo comprendió todo.
La puerta se cerró con un fuerte estruendo.
El hombre fue expulsado del dormitorio. Pensó: ¿Acaso esta mujer no estaba profundamente enamorada de Diego? ¿Cómo podía rendirse tan fácilmente solo porque su padre se oponía?
—Marina, ¿es que ya no me amas? ¿De verdad quieres entregarme a Leticia para que haga conmigo lo que se le antoje? —preguntó con un tono de nostalgia y una sonrisa llenade ironía.
—¿De qué hablas? ¡Esto, no t