Camilo abrió la puerta del auto, se acomodó en el asiento del conductor y escuchó la voz tan fría de su jefe desde el asiento trasero:
—Llama a Luis. Quiero concertar una reunión con él.
No importaba lo que pasara, Marina no podía seguir en Marbesol.
Camilo pensó en Yadira y en el rostro de su hija.
Cuando Luis recibió la llamada de Camilo, levantó una ceja, sorprendido.
Era raro que Camilo lo invitara a discutir algo.
—Dile a Camilo que esta noche a las siete me parece del todo bien para poder