El sol brillaba sobre el mar, haciendo que el agua resplandeciera como si estuviera llena de diamantes. Un yate de lujo flotaba tranquilamente en el océano, anclado en su lugar.
Augusto descansaba tirado en una silla, rodeado por dos mujeres en traje de baño que se reían mientras le ofrecían frutas. Justo cuando iba a morder un trozo de melón que le habían acercado, su celular sonó.
Augusto soltó un leve resoplido de molestia, pero en cuanto vio que era Daniela la que llamaba, su expresión pasó