Baltasar sonrió con picardía, sus ojos brillando de diversión.
—Entonces, esperaré que vengas a pedirme la mano. ¿Y lo que me darás, cuánto será?
—Todo cuanto quieras —respondió Yulia, sin perder la calma, como si fuera lo más normal del mundo.
Baltasar asintió, sonriendo aún más ampliamente.
—Bueno, entonces acepto. Mañana por la noche paso por ti después del trabajo.
Yulia estiró los brazos, mostrándose cansada, y con un tono perezoso respondió:
—Está bien.
Siguieron conversando un poco más, p