Justo cuando Yulia iba a abrir la puerta, Marina ya había puesto su cubrebocas. Aún estaban en la fase de “evaluación” con Baltasar, y no podían arriesgarse a que los reconociera. Marina había asistido a algunos eventos de la empresa en el pasado, y no podían saber si alguna foto de esos momentos habría llegado a los Mendoza.
Diego, por otro lado, no se aparecía en público desde hace años, así que él no tenía de qué preocuparse.
—Papá, mamá, este es Baltasar, y ellos son sus padres —dijo Yulia,