Yulia se quedó callada. A su lado estaba Iker, sentado en silencio.
Iker, con su carita algo curiosa, también llevaba puesta una mascarilla. Los niños siempre tienen esa necesidad de saberlo todo. Quería probarse la mascarilla, y Marina, sin decirle nada, lo dejó hacer.
De repente, Iker sintió sed y, con su vocecita melodiosa, dijo:
—Diego, tengo sed.
Como Diego era el único que no llevaba mascarilla y estaba libre, al escuchar a su hijo pedir agua, gruñó con algo de molestia y no le prestó much