Marina no pudo evitar en ese instante reírse al ver a Diego tan empeñado en hacer el desayuno. Se giró y, mientras seguía cocinando, le dijo:
—Mira, hasta Iker lo está diciendo, mejor ya no sigas con esto.
Diego soltó un gruñido, se acercó a la puerta y la cerró con fuerza para evitar que los dos entraran a interrumpir. Marina, al verlo, sorprendida lo miró con una ceja levantada, algo confundida.
—¿Y ahora qué estás haciendo, cerrando la puerta? —preguntó curiosa, mientras seguía moviendo la cu