Por la noche, la casa estaba muy tranquila. Marina estaba acurrucada cariñosa en el regazo de Diego.
—Yulia realmente ha crecido, ya tiene sus propias ideas y metas —dijo Marina suavemente, con una mezcla de orgullo y un cierto toque de preocupación en sus ojos.
Diego acariciaba su cabello con ternura, su rostro reflejaba una total calma y comprensión.
—¿Te preocupa que nuestra hija pase por problemas en el amor? —preguntó Diego, buscando por un momento calmarla.
Marina se quedó pensativa y susp